Nuestro origen está en Michoacán. Nuestro mezcal, en el trabajo de quienes cultivan el agave y mantienen vivo el conocimiento detrás de su elaboración. Y nuestra forma de vivirlo parte de una idea sencilla: el mezcal puede respetar profundamente sus raíces sin quedarse detenido en el pasado.
Por eso somos Mezcal Libre. Libre para disfrutarse solo, acompañado, en la mesa o en un cóctel. Sin una única manera correcta de tomarlo y sin perder de vista lo verdaderamente importante: la calidad del producto, su origen y las personas que lo hacen posible.
La historia de Viviente comienza en Michoacán, un territorio donde el agave, el mezcal y las personas que los trabajan forman parte de una tradición que sigue viva.
Nuestra destilería se encuentra en Etúcuaro, Michoacán, mientras que nuestros campos de cultivo se localizan en Ucasiro y Devanador. Desde este territorio construimos una marca que busca compartir otra expresión del mezcal mexicano: la del mezcal michoacano.
No buscamos representar a Michoacán desde el folklore o la nostalgia. Nos interesa mostrar un territorio vivo: sus agaves, sus tradiciones, su gente y la manera en que todo ello puede encontrarse con el presente.
Para nosotros, respetar el mezcal no significa imponer reglas sobre cómo debe disfrutarse. Mezcal Libre representa la libertad de descubrirlo como cada momento lo pida: solo, acompañado de comida, compartido alrededor de una mesa o como parte de la mixología.
Esa libertad no significa perder el respeto por su origen. Significa permitir que una tradición siga viva, encuentre nuevas formas de disfrutarse y pueda conectar con diferentes personas.
Nuestro concepto de un mezcal premium parte de ahí: no del lujo ostentoso ni del precio como símbolo de estatus, sino de la calidad del agave, del proceso artesanal y del resultado que llega a cada botella.
La elaboración de Viviente comienza con la selección del agave. Las piñas utilizadas pasan por un proceso de selección de acuerdo con sus condiciones de madurez antes de continuar con las siguientes etapas de producción.
Detrás de cada etapa hay tiempo, conocimiento y decisiones que terminan definiendo el carácter de cada expresión. Para nosotros, ahí comienza realmente la calidad: en hacer bien el proceso antes de hablar del resultado.
La historia de Jaime Villa Miranda, maestro mezcalero de Etúcuaro, está profundamente vinculada con la tradición mezcalera de su comunidad y de su familia.
Su abuelo comenzó a producir mezcal participando en todo el proceso, desde el cultivo y cuidado del agave hasta la destilación. Ese conocimiento continuó con el padre de Jaime y con su hermano mayor, Juan. Jaime trabajó durante años junto a su hermano y continuó posteriormente dedicado a la producción de mezcal.
Celebrar no significa únicamente una fiesta o una fecha importante. También puede ser sentarnos a la mesa, encontrarnos con alguien, descubrir algo nuevo o brindar por lo cotidiano.
Hablar de personas, tierra y agave sólo tiene sentido cuando existen acciones detrás. No entendemos la sustentabilidad como un complemento de la marca: la entendemos como una responsabilidad.
Nuestro portafolio parte de Cupreata y explora también su encuentro con Espadín y Tequilana, conservando un mismo punto de partida: crear mezcal artesanal con identidad michoacana y perfiles de sabor propios.